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J C M
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Un buen comienzo
Que puedo decir. He vuelto otra vez a las clases. Y me va muy bien por ahora. No tengo tiempo para pensar en nada, ni para tirarme en la cama a media tarde, ni para apalancarme frente al televisor a ver tonterías, ni a plantearme el sentido de mi vida, ni a... porque estoy todo el rato en clase. Casi no termina una y ya empieza otra. Y eso me gusta, me lo estoy tomando más en serio.
Estoy más metido en mi mismo, parece que las cosas serias me las tomo en serio y las cosas que no tienen importancia pasan por completo desapercibidas. Tengo la sensación de que todo está yendo bien. Y bien, que al principio es sencillo estar atento y llevar las cosas al día, y que este motivado, y que todo parezca que va sobre ruedas. Lo más complicado será mantenerse en este estado durante todo el año, que es ahora mi reto, y que es por lo que tengo intención de luchar.
Estos días no paraba de canturrear la canción de “eres el rey del Glam, nunca podrás cambiar, ajeno a las modas que vienen y van porque tú-u, eres el rey del Glam”, Tiene algo que ver con una peli que estuve viendo, que recreaba la carrera de Bowie e Iggy Pop, añadiéndole ‘un mucho’ de ficción. Y con Ewan McGregor, con lo bien que me cae. La peli se llama ‘Velvet Goldmine’y es una mezcla entre un biopic y un musical (cuantísimos videoclips) y que aprovecho para recomendaros.
No se me ocurre mucho más que contar, asi que me despido hasta otro post. Saludos.
Escuchando: Alaska y Dinarama –El Rey del Glam |
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Huele a nuevo
Ya está aquí, octubre es el mes. Todo empieza de nuevo, otra vez estaré atento al reloj para llegar pronto a la parada de autobús e intentar conseguir un asiento. Si no tengo suerte, me tendré que agarrar a una barra y hacer equilibrios en cada curva o rotonda.
Un curso más, si. Pero este huele a nuevo. Empezaré con un horario diferente y más cómodo. Volveré a levantarme temprano y tendré todas las horas juntitas. Tengo también las asignaturas pendientes, pero como el año pasado fui un niño bueno y no me perdí casi ninguna clase no tendré que asistir de nuevo. Solo me queda estudiar y asistir a las tutorías. Que este año voy a ir, porque se lo he dicho a una profesora mientras le miraba a los ojos y le sonreía. Y lo hacía porque de verdad me iba a preparar. No tengo más excusas.
Y mi nueva compañera es un cielo, un sol y un ángel. Todo junto. Es un ser sin maldad. De veras. Y el nuevo piso está limpísimo. Y mi habitación es azul, en dos tonos, con una cenefa azul entre azul y azul. Y con una colcha azul, y un osito azul. Aunque yo sea más de verde, me gusta igual. Y el cuarto de baño azul inmenso y nuevo. Tendré que poner yo ‘algo verde’ jejeje
Tengo ganas de empezar, y esta vez, de hacerlo bien. Porque estos años atrás han sido más bien mediocres y no puede haber otro más. Y como todo está tan bien y me da tanta pena estropearlo no lo voy a hacer mal. No, no, está vez no. Escuchando: Mecano - No Controles |
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Dos sueños
Uno 4 p.m., calor que hace derretir lo más sólido. No hay nada que hacer. Gotas de sudor deslizándose por todos lados, toneladas de pereza y una cama deshecha. Una tentación difícil de resistir. Ya estoy en horizontal. Suspiro y pienso en lo a gusto que estoy. Pienso en nada, cierro los ojos y el tiempo comienza a volar. Estoy en algún lugar tomando algo, no se con quien. Un pequeño cuenco lleno de chuches acompaña a la desconocida bebida. Miro al cuenco, es una montaña de cocacolas de gominola. Se me iluminan los ojos y cojo una. Primero la muerdo por la mitad y me quedo toda la parte verde en la boca. La degusto, la saboreo, juego con ella entre los dientes. Al rato mordisqueo y repito el proceso con la parte negra, la que más me gusta. Termino de tomar la bebida indeterminada y el cuenco sigue lleno. Cojo las gominolas con la mano y desparezco del lugar indeterminado. Soy el niño –hombre- más feliz del mundo. Un reguero de baba empapa parte de la almohada, tengo las extremidades dormidas y de lejos se distingue la hora en el reloj. Las cinco y cuarto. Me voy a la tienda de abajo y me compro una bolsa llena de gominolas. Esta vez ha sido fácil cumplir un sueño. DosViajo en el asiento de copiloto de un enorme BMW, con el climatizador puesto, en un dia caluroso de verano, en los que el cielo está depejado, teñido de un amarillo anaranjado de las últimas horas de sol. Es una carretera enorme, por la que solo circulamos nosotros, recién safaltada, con un negro uniforme y unas marcas de un blanco inmaculado. Enormes aceras en los bordes y montañitas de tierra arcillosa que se ha movido recientemente en las cunetas. Alrededor enormes extensiones de tierra rojiza aparentemente sin civilizar. Quizá seamos los primeros en pisar este lugar. Hay un cambio de rsasante, y empieza a distinguirse a lo lejos una hilera de gente vestida de una manera poco habitual. Están fuera de las aceras, en las cunetas. A medida de que nos vamos acercando se definen las formas. Son mujeres, posiblemente magrebíes, cubiertas todas por un velo que sólo permite ver su rostro. Muchas de ellas van acompañadas de sus hijos. Al pasar a su altura, despacio reparo en que están rompiendo las piedras marrones formadas por la tierra. Parecen estar buscando algo. Una de las mujeres parece haber encontrado algo, sonríe y llama a todas las demás. Rápidamente se forma un corrillo a su alrededor. Acaba de encontrar un pedazo de plástico roto. Despierto. Escuchando: Moby - dream about me |
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Tormenta de verano
No, no, no. Las cosas no han salido como estaban previsto que saliesen. No estoy viviendo fuera y, hasta hoy no se ha resuelto el problema. Estaba estresado por esto. De veras, que nervios, que estrés, que tensión. Que ganas de explotar, de gritar, de llorar. Que desazón... pero el cielo se abrió por fin y vi la claridad. El lunes tendré por fin cuatro paredes tras las que guarecerme. Los exámenes, esto, ni los mencioné. No quiero estrés por ello. Ya hice uno, y me ha salido muy, muy bien. Mañana tengo otro que voy a dejar por que no lo he mirado. Y me quedan tres más... que más o menos puedo aprobar. La última vez dije que era el mejor verano de mi vida, y claro que lo es. Porque no me he preocupado por estudiar poco, he preferido disfrutar y comenzar a preocuparme ahora. Ha sido la mejor jugada que he podido hacer. Hoy he visto llover. Fuerte, con estruendosos truenos y cegadores relámpagos. Esperaba solo bajo un porche mirando como las gotas rebotaban con la carretera, como los coches pasaban lentamente haciendo surcos con las ruedas, navegando sobre la fina película de agua, como nadie caminaba por la calle, como estaba solo. Tan solo que me escapé de mí. Estábamos otra vez él y yo juntos. Allí, en la mitad de la calle, empapados, mirándonos a los ojos. Deteniendo el tiempo, sintiendo los labios. La lluvia desaparecía y solo existía la unión, el todo, la nada. Bajé de la nube y la lluvia no cesaba. Otro ensordecedor trueno. Hay una ducha con el mayor chorro posible en cayendo sobre todas y cada una de las baldosas de la calle. Sigo solo. Qué incomodidad. Voy a salir de aquí. Una zancada larga, dos, tres, cien. Una larga calle hacia arriba. Truenos relámpagos. Un riachuelo corriendo calle abajo. Un loco corriendo. Una minoría de uno. Yo. La ropa está calada. Las gafas mojadísimas. Son los mil metros. Pies mojados. Siento el agua metiéndose entre los hilos entrelazados de los calcetines. Una curva más y en casa. En el espejo se refleja un concursante fracasado de mister camiseta mojada. Gotas cayendo de la nariz. Una huella por pisada. Llaves, puerta. Más pisadas. Ropa fuera, toalla. Exclamación, alivio Ufff. Escuchando: Luz - Un año de Amor |
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El punto
Mañana lunes se acaban mis vacaciones. He tenido unas vacaciones muy buenas, las mejores de mi vida. Cada año son mejores, así que por esto no puedo quejarme. De lo que si puedo quejarme es que se acaban. Que tengo que volver a estudiar, a levantarme temprano, a no tener tiempo para parar. Este año (llamemos año al tiempo de septiembre a julio) se plantea con muchos cambios: Cambio de compañeros de piso, cambio de piso, cambio de manera de ver la vida. Pienso que he pasado por ‘el punto’ en el que se acaba el estado de stand-by en el que estaba metido. No creo que esta vez sea una falsa alarma. Tengo ganas, sé lo que quiero y voy a hacerlo mejor. Esta vez no contaré más cuentos de la lechera. No voy a salvar el mundo, pero lo haré mejor. Ayer fue una mierda (con perdón) de día. Intenso, lleno de cosas, pero de haber sabido como iba a acabar hubiese preferido que no hubiese existido. Por un lado estuve comiendo en un restaurante tremendo, de estos que dedican fondos al tercer mundo, era barato, la comida estaba genial y no pagaba yo (había ganado una apuesta Por otro lado el mundo se me cayó encima por que discutí con mis amigos, por ninguna razón en particular, pero todo acabó mal. No muy mal, pero mal... y hoy paso de ellos. Será que se acaban las vacaciones y estamos todos estresados. No voy a contarlo por que es una gilipollez larga y sería perder el tiempo. Por otro lado un mensaje de texto. 160 caracteres que no tuvieron respuesta. Y eso me hizo venirme abajo. Pero da igual. Porque hoy, mientras media España estaba pendiente de el partido de la final del mundial de baloncesto, yo estaba con la boca abierta frente al televisor, reprimiendo las ganas de gritar, moviendo los pies y sintiendo como el estómago se me montaba en una montaña rusa: estaba viendo a uno de mis grupos favoritos en concierto en un canal local. Ese concierto fue cerca y por varios motivos no pude ir y me quedé un poco plof. Y hoy me he resarcido. Y si tengo la ocasión de ver a ese grupo o haré, sin duda. Fuerte, tengo ganas de cogerte y darte lo que te mereces... cantaba. En fin, que una de cal y otra de arena. Pero más de cal que de arena. Hasta que todo sea cal. Escuchando: Mecano – 254.13.26 |
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Relato 02
Dos besos en la estación y adiós. Se marcha. Por dentro grito ‘¡Espera!’ para que se gire y nos demos un último abrazo. Pero por fuera me quedo paralizado y me guardo las ganas que tratan de escaparse, pero que no lo logran. Ni siquiera espero a que el tren salga. Estar allí mirando como se va me va a hacer sentir más solo. Salgo de la estación con el paso acelerado. Hay que preparar la casa. Está todo patas arriba y tengo que dejar todo tal y como me lo encontré. Quizá nunca volvamos a vernos. Lo sé. Es la historia de siempre. Al abrir la puerta solo encuentro silencio. La visión del desorden hace surgir la pereza ‘No puedo, no he dormido nada.’ digo en tono bajo, como si alguien estuviese escuchándome. La cama está deshecha y vacía. Me dejo vencer por el peso al mismo tiempo que cierro los ojos. Era demasiado perfecto. Sé que me va a volver a pasar, me voy a volver a enamorar. No tengo fuerzas para pensar. Sólo se suceden una y otra vez las sensaciones que tuve cuando éramos uno. ‘Me gustaría que este momento durase para siempre’ repito, como si aún estuviese allí. ‘No, este momento acaba mañana cuando nos separemos’, dice su silencio. Lo sé. Soy consciente de ello. Pero no quiero saberlo. Me abrazo a la almohada, que todavía huele a él y respiro hondo. Puedo imaginar que todavía sigue allí. Estos serán mis últimos momentos por los cielos. No quiero bajar. Estiro el brazo y acaba cayendo muerto sobre el colchón, los noventa centímetros se antojan infinitos. ‘No pienses. Al menos ahora descansa.’ Amanezco al anochecer. Tardo en ubicarme. ‘Si, ahora es cuando tenía que limpiar todo’ Sin apenas ganas, empiezo al duro trabajo de Maruja. Quedamos en que le llamaría durante su viaje, así no sería tan aburrido. Los tonos se suceden, uno tras otro, lentos. Doce, trece, no hay respuesta. La gravedad me atrae sin remedio. Las nubes quedan muy, muy alto. El alma se vacía de esperanza. Vuelvo a ser yo. |
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